En el día de Galicia, y como homenaje a una de las figuras más interesantes de su historia, quiero iniciar este blog haciendo mención a la figura de Prisciliano.
El primer hereje ejecutado por la Iglesia católica, iniciador de un movimiento cristiano de gran influencia en diversos países de Europa, bebió de las fuentes del antiguo druidismo, el paganismo y los saberes esotéricos. Su cuerpo es muy probablemente el que se venera en la catedral de Santiago de Compostela, y existen autores que defienden la tesis de que sus enseñanzas influyeron en las creencias de los cátaros.
Prisciliano predicaba el ascetismo (negación de los placeres materiales), que socialmente se traducía en la pobreza y la igualdad entre todos los hombres, la participación de las mujeres en los ritos religiosos y en todos los aspectos de la vida real y el nombramiento de “maestros” o “doctores” entre los laicos.
Condenaba el sistema esclavista, frente a la corrupción y los lujos de la Iglesia oficial. Fue el precursor de los movimientos monacales en Occidente y de movimientos socio-religiosos como los cátaros. Sus ideas en torno a la astrología y a la numerología mística quedaron reflejados en textos que fueron recuperados siglos después. En ellos, los miembros del cuerpo corresponden a los signos del zodíaco (Aries es la cabeza, por ejemplo).
Prisciliano consideraba que la posición de los astros en el momento del nacimiento tenía una influencia decisiva en las personas, una creencia muy difundida en la Mesopotamia y el Egipto de la Antigüedad donde la astrología se consideraba una herramienta de conocimiento.
Os animo a profundizar en la figura de Prisciliano, «gnóstico, brujo, ocultista, astrólogo y casquivano», tal y como lo definió Sánchez-Dragó en su volumen dedicado al Camino de Santiago de la serie Una Historia mágica de España.